Pitufos

Crítica

Público recomendado: familiar

Desde su creación por Peyo en 1958 en formato cómic formando un álbum, Los Pitufos mantienen un ritmo constante de nuevas historias aptas para todos los públicos aunque especialmente pensadas para los más pequeños. Su salto al cine se produjo en 1976 con la comedia en formato animación La flauta de los Pitufos, de Eddie Lateste y el mismo Peyo; en 2011 llegó la primera en mezclar animación con imagen real: Los Pitufos, de Raja Gosnell. Y ahora, en 2025, llega Pitufos, otro nuevo filme, coproducido entre Estados Unidos y Bélgica, dirigido por Chris Miller y Matt Landon, que vuelve a mezclar animación (esta vez más moderna) con imagen real y que resulta estupenda para llevar a los más peques al cine.

Cuando Papá Pitufo (John Goodman) es secuestrado de forma misteriosa por los malvados brujos Razamel y Gargamel, Pitufina (Rihanna) lleva a los Pitufos a una misión al mundo real para salvarle. Con la ayuda de nuevos amigos, los Pitufos deberán descubrir qué define su destino para salvar el universo.

Por algún motivo la sinopsis esconde el verdadero valor de la película que nos ocupa: la búsqueda de la propia identidad, y quizás sea así para que un tema tan serio no disuada a los padres de llevar a los hijos al cine, pero pueden estar tranquilos porque todo es compatible. El ya veterano en cine familiar Chris Miller, responsable de cintas como Shrek Tercero (2007) o El gato con botas (2011), y el recién llegado Matt Landon realizan un digno trabajo mezclando la animación sencilla y de calidad con la imagen real llevándonos por ubicaciones variopintas, tanto irreales (la aldea pitufa) como reales (París, Australia, etc.).

El guion de Pam Brady habla, como decíamos antes, sobre todo de la crisis de identidad y la búsqueda de las virtudes personales, dejando claro que todo el mundo tiene dones y la clave es saber cuáles son y aprovecharlos. Pero no solo eso y aborda también, como es habitual en este tipo de producciones, del trabajo en equipo y la fe en la bondad, el mejor remedio para combatir el mal aun cuando todo parece perdido. Otra valiosa lección que transmite es centrarse y agradecer lo que se tiene en lugar de estar triste por lo que no se tiene, así como no dejarnos vencer por esa voz interior que nos dice que no somos lo suficientemente buenos.

Se introducen varios números musicales bien realizados que, sin embargo, no convierten al filme en un musical. Y, sobre todo, se meten guiños a la cultura actual como a los productos Marvel (los libros mágicos se dirían una suerte de Gemas del Infinito y luego está ese impagable escudo irrompible que rebota en cualquier superficie) y frases bien conocidas por todos.

Técnicamente hay momentos destacables como el primer baile en la aldea o los viajes interdimensionales, especialmente hilarante el segundo con mundos estilo retro que provocan la carcajada. Pero lo mejor, sin duda, es el pitufo de los efectos sonido, que da lugar a los momentos más cómicos. En el doblaje se ha contado con profesionales para la mayoría de las voces a excepción de dos: Rigoberta Bandini y Florentino ‘Flo’ Fernández, que hacen bien a sus personajes y no molestan (Florentino lo va haciendo poco a poco mejor, es indudable, aunque le falta carretera), pero no son actores de doblaje y sus personajes habrían quedado mejor si se hubieran encargado a verdaderos profesionales.

Quizás la parte menos lograda y hasta prescindible sea la relacionada con unos seres peludos que no aportan gran cosa y suponen un parón en la narración, la cual hasta ese momento iba sobre ruedas y no remonta hasta que se termina. Tampoco era necesaria la palabra malsonante del final, que puede dar mal ejemplo a los niños, aunque se soluciona con sentido del humor dejándola en el imaginario colectivo.

Así que Pitufos es una película con valiosos mensajes, una animación de calidad y muchísimo sentido del humor que supone una excelente apuesta para que los padres lleven a los más pequeños al cine, sitio en el que podrán estar a resguardo de los calores y con una buena bebida sana y fría.

Miguel Soria

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