Tierras perdidas

Crítica

Público recomendado: +18

Del director británico Paul W.S. Anderson, responsable de películas como Resident Evil (2002) y Horizonte Final (1997), nos llega una película de acción con algún personaje interesante pero vacía de contenido. El efectismo de una fotografía muy cuidada y de una estética muy poderosa, chocan con una historia plana que no logra construir nada. Por otro lado, se presenta como enemigo a una Institución llamada “La Iglesia” que parece ser un reflejo maniqueo e interesado de la Iglesia católica. Aunque pueda parecer una propuesta anticristiana, el problema no parece estar tanto en el mensaje cristiano como en la Iglesia como institución. Vayamos por partes.

La película presenta cierta semejanza en tono y estilo con la exitosa serie Juego de Tronos (2011), de hecho, Tierras Perdidas está basada en un relato del estadounidense George R. R. Martin. Sin embargo, en esta película ni los personajes están construidos con el esmero y sutileza de la serie, ni el universo que te presentan tiene la riqueza de varias Casas, con distintos Reyes, conflictos y tramas. Aquí se opta por un mundo devastado por una gran guerra precedente (que sirve de excusa para no definirlo más); y, así, nos presentan un mundo plano con unos personajes estereotipados; como la Iglesia corrupta e inhumana que mutila a los débiles por el poder o la bruja poderosa y rebelde que se muestra como la única esperanza. Eso sí, la explicitud de la violencia sí la comparten ambas, serie y película, aunque en Tierras Perdidas resulta mucho más predecible (y, por lo tanto, ineficaz), precisamente debido a esa falta de estructura y de matices, que dé forma a una totalidad.

La imagen que se da de la Iglesia, como decimos, es interesada, dañina y estereotipada. Sin embargo, resulta interesante que al mismo tiempo se le recrimina lo que debería ser; como si el mensaje cristiano se hubiera separado de la imagen de la Iglesia como institución de poder, al menos, en la percepción de los creadores de esta película. Por otro lado, los milagros ya no provienen de un Mesías sino de una bruja maldita en donde el pueblo ve la única esperanza. Insisto, antes de tachar esta película como mala y anticristiana (que lo es), resulta interesante cómo, en medio de todo ese caos, existe un grito popular (del pueblo oprimido) porque alguien encarne los valores que esa iglesia debería representar.

Por supuesto, la puesta en escena es fascinante, las batallas están rodadas como el mejor western y la recreación parece una obra maestra de ingeniería artística. Una lástima que tantos recursos técnicos queden al servicio de una historia tan poco trabajada. Y por eso, aunque el trabajo actoral pueda sobresalir en el caso de Arly Jover o Dave Bautista, queda todo afectado por una historia que ni despega, ni lo intenta. Al igual que el carisma de Milla Jovovich (El quinto elemento, 1997 o Juana de Arco, 1999) por la que tantos fans verán la película; todo se desdibuja como lo haría un castillo de arena, en la orilla de una playa sin horizonte.

Carlos Aguilera Albesa

https://www.youtube.com/watch?v=dXSFj9s3b3Q

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