Una película inacabada

Crítica

Público recomendado: +13

El cine es muchas veces cuestión natural de lo imposible. Una película inacabada atraviesa el concepto más profundo del ejercicio artístico para coquetear entre las fronteras de la realidad y la ficción. Siempre con valentía y honestidad, Lou Ye propone un testimonio cinematográfico de metacine que se diferencia por entero de cualquier título actual, tanto por su condición singular como por su audacia para hablar sobre la memoria, el miedo y la luz que se abre al final del camino. Estamos ante una narración fragmentada y coral que no deja indiferente a nadie.

Nos situamos en el primer mes de 2020, frente a un director de cine que reúne al elenco de actores y al equipo que, una década antes, se propuso levantar una película cancelada. Refugiándose en un hotel cercano a Wuhan con la intención de terminar el rodaje inacabado, de pronto recibirán una dosis de realidad: la pandemia de COVID-19 los confinará a la cuarentena.

Teniendo en cuenta la naturaleza misma de la cinta, es imposible sorprenderse por el caótico y bello collage visual formado por noticiarios, imágenes de archivo y vídeos rodados con móviles de baja calidad. En esta huida de la nitidez formal se encuentra una intención de ir más allá, de mostrar el dolor y la incertidumbre de los primeros días de la pandemia; es como si el cineasta chino quisiera registrar la esencia misma del paréntesis temporal. Es por ello que la estética de Una película inacabada es más que un puzle, es una captura brutal de lo que no está concluido, con lo que eso conlleva, con el riesgo asumido de añadir ruido a las escenas, saturar el relato visual para transmitir con precisión lo que se quiere comunicar.

Por su parte, la escritura está sometida a una raíz documental que vive de la narración subjetiva y colectiva. No debemos buscar la cronología tradicional, porque no la encontraremos, ya que la estructura bebe de una progresión memorial, esto es, lejos de cánones, abraza el sesgo de los recuerdos y de la mente. Por eso no hay tradición sino riesgo, irregularidad y caos; planos que dialogan con el hecho de sobrevivir a la exigencia de la creatividad más viva.

Además, Una película inacabada reflexiona sobre la debilidad dentro de un grupo, así como el reclamo de ser y trascender en medio de un colapso tan evidente como el confinamiento. No es difícil ver cómo la cuarentena material alega al encierro existencial, siempre propicio al encuentro con el que uno tiene al lado. Vemos en los personajes un vaivén emocional entre el sinsentido y la proximidad, la muerte y la solidaridad. Lou Ye aclara con firmeza la fragilidad cotidiana a través de gestos y silencios que dicen mucho, nunca con ánimo de manipular ni excederse en el morbo vacío. Es más, la mirada es respetuosa con el sufrimiento, no lo banaliza.

Podríamos concluir que Una película inacabada es un retrato tan hermoso como urgido de ser visto, una película que en su esencia inconclusa guarda una invitación a explorar el trauma colectivo y personal. Una apuesta radical, humana y necesaria que interpela más allá del confinamiento.

Gabriel Sales 

https://www.youtube.com/watch?v=ZcZ9_tQYXas&ab_channel=Cinemaldito[/embedyt]

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