Crítica
Público recomendado: +13

Confieso que me acerqué a Pubertat con cierta prevención. Temía encontrar una historia moralista, un producto al servicio del discurso feminista, sin matices ni contradicciones. Pero a medida que avanzaban los capítulos, la serie fue desarmando mis prejuicios.
Leticia Dolera dirige una ficción que se adentra en un territorio tan frágil como real: el paso de la infancia a la madurez, el desconcierto de los adultos ante el deseo adolescente y las grietas que se abren cuando las convicciones más firmes se enfrentan a la vida misma.
Durante la noche de San Juan, en un pequeño pueblo de Cataluña, Manuela, de 13 años, es víctima de una supuesta agresión sexual. Los implicados (Steven, Pol y Roger) son amigos suyos, y los dos últimos son primos. En una comunidad tan pequeña, el suceso lo cambia todo. El caso, contado en flashbacks y a través de los interrogatorios a los menores, sacude las relaciones entre las familias y deja al descubierto heridas que ya estaban presentes.
La propia Leticia Dolera interpreta a Júlia, una madre soltera, periodista y activista feminista convencida, que ha construido su vida sobre principios claros: creer a las víctimas, denunciar los abusos, acompañar a otras mujeres. Todo parece firme en esta faceta hasta que la realidad la golpea en casa porque su hijo se ve implicado en una agresión sexual, y, de pronto, su discurso se tambalea. La realizadora coloca al espectador en un terreno incómodo pero necesario: el del amor y la contradicción. Júlia necesita comprender lo ocurrido sin perder a su hijo y ganarse su confianza para poder mirar de frente lo que ha pasado.
La gran virtud de Pubertat es no caer en el maniqueísmo, los agresores no resultan ser monstruos, ni los adultos héroes de manual. Todos los personajes están construidos desde sus miedos, sus prejuicios, sus heridas personales. Júlia, que ha dedicado su carrera a denunciar el machismo y trata de educar a conciencia a Roger, debe aceptar que su hijo ha presenciado y tolerado algo terrible. Martí (Xavi Sáez), hermano de Júlia y padre de Pol, se refugia en la negación y en buscar la manera de exonerar a su hijo; Estel (Betsy Túrnez), la madre, se siente culpable al descubrir la falta de control en su educación y el tipo de pornografía que consume su hijo. El padre de la víctima, Lluís (David Vert), por su parte, está paralizado por el duelo de haber perdido a su esposa y, aunque lo desea, no sabe cómo acercarse a su hija.
El pueblo entero, con su tradición castellera como telón de fondo, se convierte en un espejo moral: una comunidad que intenta sostenerse sin derrumbarse del todo.
En paralelo, la serie recupera experiencias de juventud de Júlia y Estel: relaciones que en su momento consideraron “consentidas” y que ahora conciben como abusos. Esa relectura del pasado es una de las ideas más potentes de Pubertat, que se atreve a mostrar algo que casi nunca expresa: que cuando uno es demasiado joven es vulnerable, y que, muchas veces, se consienten relaciones por miedo al rechazo o para sentirse querido y protegido por una figura adulta.
Aunque la historia parte del desconcierto de los adultos, su verdad más dura está en los adolescentes. Manuela (Aina Martínez), la víctima, apenas habla. Vive rodeada por sus iguales, sin herramientas para entender lo que le ocurre. Se la percibe vulnerable, confusa, como un ser humano que intenta sobrevivir a todo lo que le ha pasado.
Pol, Steven y Roger representan distintas manifestaciones de la realidad adolescente. Roger, no ha tenido la valentía de ayudar a su amiga por la necesidad de encajar; Steven (Nael Gamell Orejuela) repite sin pensar las actitudes de hombres tóxicos a los que sigue en las redes; y Pol (Ot Serra Bas), el más inseguro a pesar de las apariencias, revela que detrás de la violencia también hay miedo a ser aceptado, soledad y desorientación.
La serie no busca culpables, sino entender cómo se llega hasta ahí. Es un retrato coral de una generación que crece sin brújula emocional y de una sociedad adulta que, mientras debate, sigue sin enseñar a amar y respetar. La violencia no empieza ni acaba en un acto concreto, sino en el silencio, la falta de diálogo y la ausencia de educación emocional.
El tono es sobrio y contenido y la cámara observa más que juzga. La directora demuestra madurez y propone una mirada colectiva: padres, madres, adolescentes, psicólogos, abogados, vecinos… todos forman parte de una red donde cada acción puede romper o perpetuar el daño.
El guion brilla en los diálogos entre padres e hijos y en los silencios que ocultan malentendidos, así como en las preguntas que quedan en el aire: ¿cómo se puede conectar y comunicarse razonablemente con los hijos adolescentes? ¿Cómo hablarles de empatía, si los adultos tampoco saben hacerlo? ¿Cómo explicar el consentimiento a una generación que aprende sobre sexo a través de pantallas?
Pubertat no ofrece respuestas fáciles, es una propuesta difícil, pero justa; dura, pero compasiva. A veces el ritmo se resiente, especialmente en los episodios intermedios y porque hay bastantes subtramas. Sin embargo, esa lentitud también tiene sentido, ya que el proceso humano de aceptar la verdad nunca es rápido.
Esta es, probablemente, la obra más valiente de Leticia Dolera. No por su discurso feminista (que lo hay, pero sin pancarta), sino por su capacidad de dudar, de mirar de frente y admitir que también nos equivocamos.
Pubertat mira la adolescencia sin paternalismo y aborda el feminismo sin dogma. El resultado es un espejo incómodo, pero necesario, que devuelve una pregunta directa al espectador: ¿qué haría yo si el culpable fuera alguien cercano a quien quiero?
Una serie que demuestra que el verdadero compromiso no está en tener razón, sino en atreverse a amar, mirar y comprender al otro.
Larissa I. López

Larissa I. López es licenciada en Comunicación Audiovisual por la Universidad de Sevilla, Máster en Artes de la Comunicación Corporativa y Doctora en Comunicación por la Universidad CEU San Pablo de Madrid. Su trayectoria profesional ha transcurrido entre el ámbito de la comunicación y el de la docencia. Ha colaborado en diversos medios especializados en cine. Actualmente es redactora en la edición española de la agencia de noticias zenit.