La Semana Santa llega entre el mes de marzo y el mes de abril como lo hicieron los dos primeros episodios de la quinta temporada The Chosen, que se centra en el breve periodo de tiempo que va desde el Domingo de Ramos hasta la Última Cena. En esta ocasión, la serie, creada por Dallas Jenkins, nos parece irregular con momentos realmente brillantes frente a otros que se alargan innecesariamente en el tiempo, sobre todo, teniendo en cuenta que en esta quinta temporada no se incluye la Pasión, muerte y Resurrección de Jesús. Los irritantes anacronismos siguen presentes en algunos momentos como esa idea de que Mateo escribía al pie de la letra las palabras dichas por Jesús o unas conversaciones demasiado coloquiales que te sacan de la historia, que en realidad tratan de hacer cercana la vida de estos Apóstoles para acercarlo a un público joven.
En este caso, la aparición en escena de San Marcos está más lograda, pues este evangelista aparece como el ojo que todo lo ve, pero en un plano discreto. La entrada a Jerusalén tiene cierto encanto, así como el discurso de Jesús durante la Última Cena, ya que invita a la reflexión sobre el amor de Dios y el valor de la Eucaristía, aunque el pasaje del lavatorio de pies consigue transmitir esa actitud de servicio, que es una pieza esencial del cristianismo, pues el Hijo de Dios descoloca a los Apóstoles y nos dio ejemplo con ese gesto de humildad. La escena del enfado del Señor en el templo está cargada de significado y es realmente espectacular e impactante, mostrando su lado más humano.
No obstante, las escenas más cargadas de sentido son las de Santiago y las de Judas Tadeo, ya que estos recuerdan como el Señor salió a su encuentro, mientras ellos van buscando el camino a Jerusalén para celebrar la Pascua con Él. Santiago aparece en un flashback en blanco y negro como un extraordinario cantor, cuyo talento queda menoscabado por no reunir los cánones de belleza y perfección de los judíos, necesarios para poder cantar en el templo de Jerusalén. Sin embargo, su encuentro con el Señor en un sendero oscuro cambia su ansia de justicia, recibiendo su consuelo e iluminando su vida. El recuerdo del pasado de Tadeo en blanco y negro como el anterior hipnotiza por su fuerza porque en esa situación se resalta la idea de que Jesucristo siempre sale al paso de nuestras dificultades, puesto que el Señor mantiene una conversación profunda con este discípulo, mientras ambos construyen un edificio público y trata de darle sentido a su simple vida, al ofrecerle una aventura que perdurará para siempre en el que Judas pueda construir el Reino de Dios desde la tierra, tras comprobar que este discípulo no le encuentra sentido a su vida por su baja autoestima y por no haber recibido demasiado cariño.
Las dos escenas más atrevidas y sorprendentes son: la oración en el huerto de los olivos se hace eco de la historia de la salvación y el encuentro del Señor con las mujeres durante la celebración de la Pascua judía.
En contraposición con lo positivo, los capítulos que presentan a los miembros del Sanedrín y a Pilatos nos parece muy reiterativos, ofreciéndonos un repertorio de estrategias que nos parece muy repetitivas, al centrarse en demasiados diálogos más cercanos a Juego de tronos que a la Biblia.
Víctor Alvarado

Víctor Alvarado es Maestro de Educación Primaria e Infantil y Licenciado en Psicopedagogía. Máster en Publicidad. Suficiencia Investigadora de doctorado de Psicología del Deporte. Estudios de Teología en el Instituto San Pablo. Cursos de radio y televisión en la Universidad Pontificia de Salamanca. Tiene una larga experiencia en educación. Dirige el programa de radio, Directo a las Estrellas, en Intereconomía (Castilla y León) y Radio Ya. Ha colaborado en Radio Inter y Esradio. Crítico de cine en Pantalla 90, Diario Ya y Páginas Digital. Es miembro del CEC.
Esta es su web: www.cineylibertad.com y, lleva más cerca de 10 años como bloguero de Cope, donde analiza el cine, los cómics y los libros desde una óptica antropológica y axiológica, atendiendo a todas las dimensiones del ser humano.