Crítica
Público recomendado: +16

Margo tiene problemas de dinero (2025) sigue la vida de Margo Millet (Elle Fanning), una joven de 19 años que, tras quedarse embarazada de su profesor de la Universidad, intenta salir adelante sola mientras cuida de su hijo recién nacido. Sin estudios terminados, sin estabilidad económica y prácticamente sin red de apoyo, se abre una cuenta de contenido sexual en internet para poder pagar el alquiler y mantener al bebé.
Con esta premisa, la serie construye un relato sobre la precariedad, la necesidad de sentirse querida y la dificultad de construir una vida adulta cuando todo alrededor parece empujar hacia la supervivencia inmediata.
La propuesta combina drama social, humor incómodo y retrato generacional. Buena parte de su fuerza reside precisamente en que evita convertir a Margo en un símbolo o en una caricatura. La protagonista aparece muchas veces desorientada, inmadura e impulsiva, pero también vulnerable y profundamente necesitada de afecto y estabilidad que en realidad nunca ha tenido. El relato muestra muy bien cómo determinadas decisiones no nacen tanto de una convicción como del cansancio, la inseguridad o la falta de alternativas reales.
En este sentido, la ficción funciona también como una radiografía de una generación marcada por la inestabilidad económica. La dificultad para acceder a una vivienda, la imposibilidad de compaginar maternidad y trabajo precario o la ausencia de estructuras familiares sólidas aparecen constantemente de fondo.
Sin embargo, donde la ficción resulta más problemática es en la manera en que trata la exposición del cuerpo y la sexualidad en el mundo digital. La serie presenta la creación de contenido explícito como una salida comprensible e incluso eficaz dentro de una economía que parece no dejar otras opciones. Aunque el relato muestra ciertas consecuencias emocionales y contradicciones internas, termina normalizando una lógica donde la intimidad acaba convertida en producto y el propio cuerpo en herramienta de consumo.
Ahí aparece una de las tensiones más interesantes de la serie, que parece querer denunciar una sociedad que abandona a las personas más vulnerables, pero, al mismo tiempo, asume con bastante naturalidad dinámicas profundamente deshumanizadoras. La necesidad económica se presenta casi como una fuerza que termina validándolo todo.
La pregunta de si sobrevivir debería implicar necesariamente renunciar a la propia dignidad o convertir la intimidad en mercancía permanece en el aire, aunque el relato acaba inclinándose hacia la lógica que aparentemente pretendía cuestionar.
La maternidad ocupa también un lugar importante dentro de los temas abordados. Margo no aparece idealizada como madre, sino como una joven que ama e intenta cuidar de su hijo mientras todavía parece incapaz de sostenerse del todo a sí misma. Precisamente por eso, algunas de las escenas más logradas son aquellas donde la serie deja ver su miedo, su agotamiento o su deseo sincero de ofrecer algo mejor al bebé, incluso a través de decisiones equivocadas.
En paralelo, la ficción introduce varias referencias religiosas y simbólicas que pueden resultar incómodas para parte del público creyente, especialmente cuando ciertos elementos relacionados con la maternidad se presentan desde paralelismos demasiado sexualizados o secularizados. Aun así, más allá de esas decisiones, el trasfondo de la serie termina apuntando hacia algo reconocible: la necesidad humana de ser acogido, sostenido y acompañado por la familia (aunque sea disfuncional) y los amigos cuando todo parece derrumbarse.
El reparto es responsable de gran parte de la credibilidad emocional de la historia. Elle Fanning construye una protagonista frágil y contradictoria sin caer en el victimismo constante.
El reparto secundario contribuye también a dar mayor profundidad al entorno de Margo. Michelle Pfeiffer interpreta a una madre egocéntrica e inmadura, incapaz muchas veces de ejercer un verdadero papel protector, y muy necesitada de cariño y reconocimiento. Nick Offerman resulta especialmente convincente como el padre ausente y adicto que reaparece de manera tardía e irregular en la vida de su hija, aportando al personaje una mezcla de torpeza, afecto y fracaso personal. Greg Kinnear interpreta a un pastor evangélico que se casa con la madre de Margo, un personaje bastante ambiguo. Entre jóvenes, destaca también Thaddea Graham como compañera de piso de Margo, una chica excéntrica, pero también leal y profundamente cercana a Margo.
En general, es reseñable que los personajes no aparecen como estereotipos, sino como seres humanos rotos, con virtudes y defectos, que buscan desesperadamente afecto y seguridad en un entorno hostil.
Narrativamente, la serie funciona mejor en los momentos íntimos y cotidianos que cuando intenta subrayar determinados discursos sociales. En algunos episodios, ciertas situaciones parecen construidas más para provocar debate que para desarrollarse de manera plenamente orgánica. Aun así, el argumento mantiene suficiente humanidad como para generar implicación emocional en muchos momentos, haciendo que determinadas decisiones terminen percibiéndose como más comprensibles de lo que realmente son.
En conjunto, Margo tiene problemas de dinero combina una mirada humana hacia la precariedad y la soledad con una normalización de conductas difícilmente conciliables con una visión antropológica de la dignidad del cuerpo y de la sexualidad. Aun así, la serie sí señala con claridad el abandono y la falta de redes de apoyo que sufren muchas madres jóvenes en la sociedad actual.
Larissa I. López

Larissa I. López es licenciada en Comunicación Audiovisual por la Universidad de Sevilla, Máster en Artes de la Comunicación Corporativa y Doctora en Comunicación por la Universidad CEU San Pablo de Madrid. Su trayectoria profesional ha transcurrido entre el ámbito de la comunicación y el de la docencia. Ha colaborado en diversos medios especializados en cine. Actualmente es redactora en la edición española de la agencia de noticias zenit.