Minuto heroico. Yo también dejé el Opus Dei
Carta abierta
Serie documental de cuatro capítulos que recoge entrevistas con trece mujeres que pertenecieron al Opus Dei, y que cuentan su experiencia en la Obra y al salir de ella. También hay declaraciones de psicólogas, una experta en sectas, un abogado que defiende a 43 ex numerarias que denunciaron al Opus Dei en Argentina, dos periodistas críticos con la Obra, un experto en organizaciones cristianas coercitivas. La lista de los expertos resulta sospechosa: ¿experto en organizaciones coercitivas? ¿experta en sectas? ¿Un periodista que ha escrito un libro contra el Opus?… ¿Nadie del Opus? ¿Algún teólogo? ¿Ningún ex sin rencor? Ese es mi caso.
La experiencia de estas mujeres fue negativa. Todas se fueron del Opus Dei. Sus declaraciones son, en general, sosegadas, a ratos duras, a veces muy duras. Hablan de la manera en la que se vieron invitadas a entrar en el Opus Dei, la presión que vivieron en los siguientes años y lo que les costó salir. Algunas se sienten interpeladas a hablar para que otras personas no pasen por una experiencia tan traumática como la que ellas vivieron.
A mí personalmente se me hacen cercanas y entiendo el sufrimiento que han vivido, porque yo pasé -en cierto modo- por algo parecido, psicólogo incluido. En general, me caen bien. Las entiendo. Me duele su dolor. Yo también fui y me fui del Opus Dei. A mí también me costó salir. Sin duda el Opus Dei, como tantas instituciones, tendrá que cambiar y mejorar, como todos. De hecho, van cambiando cosas: las numerarias auxiliares tienen ahora contrato, sueldo y seguridad social, lo dice una de las entrevistadas. Y probablemente esto no cambie mucho las cosas, porque ellas quieren entregarse totalmente a Dios y el contrato, sueldo y seguridad social les importará en la mayoría de los casos poco, pero está genial que lo tengan, también para evitar economías sumergidas.
En mis últimos años del Opus Dei trabajaba en televisión, tenía un sueldo estupendo, que entregaba íntegramente en el centro donde vivía. Cuando necesitaba dinero, lo pedía y punto. No necesitaba mi sueldo más que para pagar la pensión, la moto que me compré para ir a trabajar, gasolina, ropa, y alguna cerveza que me tomaba con algún compañero o amigo, lo demás, ¿para qué lo quería? Si le había entregado todo a Dios. Me parecía lo más normal del mundo darlo todo para los apostolados de la Obra, y me lo sigue pareciendo para cualquiera que se da por entero a Dios en el Opus Dei o donde sea.
Estas mujeres hablan del beso en el suelo y el serviam al levantarse por la mañana, del duro trabajo, de la entrega total, regalos personales incluidos, del alejamiento de sus familiares, de cómo, una vez en la Obra, tu amiga del alma se convertía en una hermana más en la lucha por la santidad. De la ducha con agua fría, el cilicio, las diciplinas, el dormir en el suelo, la cautela para que no se perdieran las vocaciones. Nada, o casi nada de esto es ajeno a las luchas y sacrificios que exige la entrega a Dios en tantas instituciones de la Iglesia. Y creo que casi nada de esto es ajeno a cualquier persona que quiera triunfar en el mundo del arte, el deporte, etc., donde el esfuerzo, la dedicación, la entrega, los sufrimientos, la falta de sueño, la vigilancia insistente, las sumisiones serán incluso más arduas.
Lo cierto es que incluso la ducha con agua fría era menos trágica de lo que refleja el documental: yo me enjabonaba con agua fría y muchos días terminaba con una ducha caliente. Al final algo muy parecido a un spa: si haces lo mismo pagando, al parecer todo es más saludable y normal.
Estuve veintiún años en el Opus Dei. Todo el mundo cercano sabía que era de la Obra, mi familia, mis compañeros de universidad, mis colegas de televisión, mis vecinos. En esos años viví experiencias duras, conocí a algún desgraciado, pero también pasé momentos maravillosos y traté con muchísima gente estupenda, con la que en no pocos casos mantengo contacto y amistad.
Con el tiempo he aprendido que puede que la culpa de algunas experiencias negativas no fuese tanto del Opus como mía: mi manera de ser, mis inseguridades, contundencias, bajones y excesiva sensibilidad me la han jugado más de una vez, dentro y fuera de la Obra. Y creo que ha sido mucho más interesante intentar arreglarme a mí que al Opus Dei, que sin duda tendrá cosas pendientes, que tendrán que afrontar ellos.
Yo también me quedé más años de los que me habría gustado. Pero entendía, incluso en cierto modo agradecía, que no me dijeran: “ah, ¿qué te quieres ir? Claro, claro, firma aquí, y que te vaya bien”. Lo más normal en una familia, un trabajo, una asociación, un club de amigos, un gimnasio es que, si dices que lo dejas, se interesen, se preocupen, te pregunten cuál es el problema y que no quieran perderte de vista al instante. Pero si hay algo que yo aconsejaría al Opus Dei es que escuchen más atentamente a la gente que lo quiere dejar. Porque en esto sí estoy de acuerdo con estas trece mujeres. Yo también aguanté demasiado tiempo, a pesar de no verlo, ¿por qué? En mi caso fue por todas las actividades en las que participé en los clubs con los niños y jóvenes, que me entusiasmaban. Además, durante un tiempo no estaba seguro de si era una crisis o realmente no quería estar y, finalmente, me repetían que sería un desgraciado si me iba, cosa que, gracias a Dios, no ha sido así. Así que coincido con estas mujeres en que en la Obra deberían presionar menos a quien no lo ve. Creo que eso también está cambiando.
Pero yo me quedo con los momentos buenos, que fueron muchos, especialmente los campamentos, que disfruté de niño y de monitor. Para mí fueron una experiencia maravillosa en medio de la naturaleza, haciendo deporte, conviviendo con muchísima gente, rezando rodeado de paz en aquellos maravillosos amaneceres y atardeceres. Tengo tantos recuerdos de aquellos campamentos, no los cambiaría por nada.
Al final me fui. Y San Josemaría me hizo un regalo que no esperaba. Yo que pensaba que estaría muy enfadado conmigo por dejar su Obra… Tenía 35 años cuando salí. Dos años después me fui a su canonización en Roma. En realidad, yo andaba detrás de una chica que no me hizo mucho caso. Estaba recién operado de una rodilla y cojeaba, pero me empeñé en ir y fui con unos amigos. Cuando llegué al hotel, me dijeron que no cabía, y me mandaron otro hotel cercano. Me fastidió, porque yo quería estar con mis amigos.
Pero en el otro hotel estaba Mamen, a quién yo no conocía. Después de tres días en Roma compartiendo ratos con ella, le pedí su teléfono, pero lo cogí mal. Cuando volví a casa y llamé a Mamen, un tío de voz ronca me dijo: “creo que te estás confundiendo, tronco”. Recordando datos de nuestras conversaciones, fui buscando pistas sobre Mamen en la guía telefónica, acudiendo a lugares que me dijo que frecuentaba y, finalmente, llamando a sitios donde ella hacía restauraciones de arte. La investigación para conseguir su número duró varias semanas. Al final lo conseguí. Y quedamos, empezamos a salir, nos casamos y hemos formado una familia estupenda. En seguida me contó que ella acababa de pedir la admisión al Opus Dei unos meses antes. No esperaba yo enamorarme de una supernumeraria. Ese fue el regalo de San Josemaría, el mejor que he recibido en mi vida.
Es verdad lo que dicen algunas de las entrevistadas: sales sin un duro, porque hasta el día que estás lo entregas todo, pierdes la pista de muchísima gente, yo, además, para más inri, perdí también el trabajo. Pero conseguí otro, volví a conectar con amigos y seguí con mi vida. Siempre he tenido la sensación de ir quince años por detrás de todo el mundo en lo que se refiere a los logros profesionales, familiares, etc. Pero he sido feliz dentro y fuera del Opus Dei, con momentos duros también dentro y fuera. Creo que fue un acierto irse, en mi caso, finalmente los directores también me animaron a dejarlo, pero tardaron mucho en decírmelo y la salida fue algo trágica. Veo la sonrisa de esas mujeres al final del documental con sus nuevas vidas, y me encanta, les deseo lo mejor. Y espero que también tengan algún buen recuerdo. Yo guardo muchos.
Por sus obras los conoceréis. Veo las obras de la Obra -universidades, colegios, clubs, centros de formación, hospitales, etc.- y son buenas, y me parece estupendo que haya tanta gente del Opus Dei trabajando feliz en todas estas iniciativas.
Lo que falla en este documental, en mi opinión, además de su posicionamiento en contra de la Obra, es que falta Dios. Es imposible explicar el Opus sin el Dei. Y todos esos expertos -aquí no me refiero a las trece protagonistas- no tienen en cuenta a Dios, la gracia, la fe, la caridad, el don, etc. Dicen cosas como que el Opus “como opción no es bueno”, “solo les interesa el poder a través de contactos y dinero”, “es un grupo de manipulación”. Muchas de esas declaraciones son tópicos falsos y manidos, que me molestaban antes y ahora.
Viví trece años en un centro del Opus Dei y me cambiaban a otro. Una de las numerarias auxiliares, que atendía la puerta y el teléfono en la recepción, abrió la ventanilla para darme un aviso de una llamada, yo aproveché para darle dos grandes cajas de bombones que había comprado para ellas, y le dije: “sé que esto no es muy normal, pero me cambio de centro y estoy tan agradecido, que quería tener algún detalle con vosotras”. Ella cogió los bombones y me dio las gracias sonriendo, lo que me hizo muy feliz. Cuando era numerario, sin saber quiénes eran ni tratar con ellas, sentía tan fuerte el cariño de las numerarias auxiliares a través de su trabajo -para mí una cocina única, tres estrellas Michelin-, que siempre he pensado que, en realidad, ellas fueron las responsables de que aguantase tantos años en la Obra.
Javier Figuero

Estudié periodismo, pero claramente lo mío era el cine. Cuando acabé la carrera, me hice con una cámara y empecé a grabar de todo. Luego caí en televisión. ¿Recuerdas Médico de Familia o Esquimales en el Caribe? Allí estaba yo escribiendo guiones con un equipo maravilloso del que guardo un gran recuerdo. Cuando empecé a dar clases en un Máster de dirección de cine, los alumnos me daban tanta envidia, que empecé a grabar mis propias historias y desde encontes he grabado unos cuantos cortometrajes, hasta nos han dado algún premio y todo. Disfruto mucho grabando y editando, dando clases en la universidad y escribiendo sobre las historias de otros. Es un privilegio poder dedicarse a todo esto.