Crítica
Público recomendado: +16

No cabe duda de que la espera de las nuevas temporadas de The Bear goza de una tensión añadida; no por nada estamos ante una de las grandes series de televisión del siglo. La cuarta tanda de episodios llega ya a Disney+ con el peso de colmar unas expectativas que hace tiempo dejaron de tener sentido. ¿Puede una serie mantener el nivel de excelencia tras tantos minutos de TV? Caer en el bucle es bastante común, y por eso Christopher Storer, creador y showrunner de este fenómeno de masas, dio otro enfoque a la tercera y siguió consolidando el título como lo que es: oro puro. De nuevo nos adentramos en la cocina de élite como telón de fondo para la exploración de heridas familiares, autoexigencias y pavor al fracaso.
La sinopsis nos sitúa otra vez frente a los fogones de The Bear, un restaurante que sigue transformándose en campo de batalla y refugio para sus protagonistas, un terreno en el que Carmy, sensacionalmente interpretado por Jeremy Allen White, lidia con la compañía cada vez más intensa de Sydney (Ayo Edebiri) y Richie (Ebon Moss-Bachrach). Juntos afrontan la inminente llegada de la crítica gastronómica más importante de la ciudad de Chicago. El futuro del local y su propio futuro profesional y personal penden de un hilo; la presión se palpa en cada plano, en cada grito, en cada silencio.
Respecto a su estética, nada nuevo en una cuarta temporada que sigue apostando fuerte por el realismo sucio y el nervio con la cámara. La dirección, el montaje y la puesta en escena continúan siendo referentes para sus competidoras: planos cerrados y vértigo para sumergir al espectador en el absoluto caos de la cocina y la mente al límite de los personajes. El guion se aferra a su colmillo, próximo a un lirismo especial que alterna escenas de crudeza, humor y empatía. Sí es cierto que la fórmula da síntomas de cierto hastío, tanto en los recursos visuales que antaño rompieron moldes como en una factura técnica que, aun manteniendo el altísimo nivel, resulta repetitiva.
Ahora bien, lo mejor de esta serie sigue siendo el fondo: la exploración del precio del éxito y el sentido de la redención, individual y familiar. Carmy sigue obsesionado con la perfección, sacrifica elementos y justifica medios por un supuesto fin mayor. Aquí subyacen conceptos como las relaciones humanas, la salud mental y la paz interior, todo en el tablero de ajedrez. La familia, natural y asumida por el camino, es un continuo duelo y reconciliación, como la vida misma, fuente de aprendizaje, a las buenas y a las malas.
The Bear no rehuye la violencia atmosférica porque cobra sentido narrativo pleno, tanto en la dureza de las palabras expresadas como en el corte emocional que sufren los protagonistas. Pero nada es banal; todo carga con una profundidad inusitada. Esto hace que la serie siga siendo, pese a su agotamiento evidente, de lo mejor del catálogo televisivo actual. Su legado está asegurado.
Gabriel Sales

Licenciado en Periodismo, Máster en Comunicación y Branding Digital, Máster en Matrimonio y Familia y Máster en la Unión Europea. Apasionado comunicador y crítico de cine, personalista practicante y absoluto seguidor del séptimo arte más reflexivo. Cada película es una ventana hacia nuevas perspectivas y emociones, no subestimemos las historias que retan nuestro acomodo mental.