Andor (temporada 2)

Crítica

Público recomendado: +16

Dirigida y escrita por Tony Gilroy, Andor se proclama con mérito propio como la serie más ambiciosa de Star Wars. Su segunda y última temporada cierra el arco de Cassian al conectarlo directamente con la película Rogue One (2016). Con un presupuesto considerable y una línea narrativa que huye del desgastado universo Jedi, la serie se centra en los cimientos éticos de la Rebelión, explorando el coste humano y moral de la resistencia frente al Imperio.

La temporada abarca cuatro años clave antes de la cinta de 2016, mostrando al espectador la contextualización de esa Alianza Rebelde que se consolidaba. Es por ello necesario situar a tres personajes cruciales como son Andor, Luthen Rael y Mon Mothma. Estos se mezclarán con las tramas e intrigas políticas, el espionaje que impregna el tono de la serie y unos sacrificios personales que contrastan con el totalitarismo del Imperio.

En la segunda temporada, el director de Bourne vuelve a priorizar su característico lenguaje visual sobrio, marcando la narrativa estética con planos cenitales que empequeñecen a los personajes ante el conjunto desalentador. La paleta de colores viaja del ocre cálido de la resistencia al frío azul de la industrial imperial. La música se nutre del estrés de los motores y la angustia de los silencios repentinos, todo ello reforzando una atmósfera asfixiante. En cuestión de montaje, hay una alternancia de ritmos entre los pasajes políticos llenos de diálogos densos, y secuencias de acción de corte contenido y consecuencias realistas. Los saltos temporales exigirán al espectador toda la atención posible.

Si pasamos a Andor un filtro más trascendental, vemos cómo vuelve a ponernos delante los cuestionamientos éticos de la primera temporada, aunque esta vez son más intensos y urgidos de respuestas que nunca son fáciles. Nos movemos entre paradojas morales sobre si el fin revolucionario justifica unos medios tantas veces corruptos. El personaje que encarna esto es claramente Luthen, un protagonista que se injerta en un tratamiento que no idealiza la rebelión, sino que la ubica entre muchos grises, amor y justicia, paz y acción. En este sentido, lo más potente está en el rechazo de una visión maniqueísta, propia a la saga principal.
De este modo, Andor vuelve con la misma fuerza que hace unos años, trascendiendo al género de ciencia-ficción para erigirse como nítido espejo de las tensiones sociopolíticas contemporáneas. Podemos observar claras referencias a los extremismos neofascistas o la ética de la desobediencia civil, siendo el mayor éxito el haber clarificado que la esperanza no llega con heroicidades de cómic, sino con decisiones y virtudes nacidas de personas y grupos sufridos.

Gabriel Sales

https://www.youtube.com/watch?v=AE4wxt70aUM&ab_channel=StarWars

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Ver
Privacidad