Task 

Crítica

Público recomendado: +16

Task (2025) se presenta como una miniserie policial de corte clásico: robos violentos y una investigación del FBI en la ciudad de Filadelfia. No obstante, muy pronto queda claro que el verdadero interés del relato no está tanto en el delito o la investigación como en las vidas que hay detrás de los hechos.

Este thriller, que tendrá una segunda temporada, ha sido creado por Brad Ingelsby, guionista con querencia por los personajes heridos y los paisajes humanos castigados. Tras el gran reconocimiento recibido con la miniserie protagonizada por Kate Winslet, Mare of Easttown (2021), vuelve a situar su historia en Pensilvania, un territorio que retrata con realismo y sin idealización.

Task confirma su buen pulso como narrador. La serie está sólidamente escrita y se apoya en personajes bien definidos, que se desarrollan con naturalidad. Ingelsby traza dos entornos familiares —el del agente del FBI y el de uno de los ladrones— que, pese a situarse a ambos lados de la ley, comparten más similitudes de las que parece: padres desbordados, hogares frágiles y una sensación constante de pérdida.

El bando policial está liderado por Tom Brandis (Mark Ruffalo), agente veterano encargado de desarticular una banda que asalta casas de narcotraficantes y el equipo de federales que le acompañan en la investigación. En paralelo, la serie muestra a Robbie (Tom Pelphrey), uno de los autores de los robos. 

Tom cuenta con un peculiar pasado: antes de formar parte del FBI, fue sacerdote, vocación que abandonó para formar una familia. Hoy, esa familia está marcada por la pérdida: su esposa murió en circunstancias dolorosas y poco comunes. Uno de sus hijos cumple condena en prisión, una hija ya ha rehecho su vida fuera de casa y la menor sigue viviendo con él, en una convivencia tensa, atravesada por silencios, ausencias y un alcoholismo que Tom no consigue disimular.

Tom quiere estar cerca de su hija Emily (Silvia Dionicio), pero carece de las herramientas para hacerlo. El trabajo, la culpa y una fe dañada levantan una barrera invisible entre ambos. La casa deja de ser un refugio y se transforma en un lugar marcado por el silencio y la distancia.

Profesionalmente, su carrera parecía encaminarse hacia una retirada discreta. Alejado del trabajo de calle, se dedicaba al reclutamiento de nuevos agentes. Sin embargo, Kathleen (Martha Plimpton), su superiora, decide devolverlo al frente operativo y le encarga dirigir la investigación de los robos a casas de narcotraficantes.

Ese regreso al terreno no solo reactiva un caso criminal, sino que obliga a Tom a enfrentarse a todo aquello que había aprendido a mantener a distancia: el riesgo, la culpa, las decisiones rápidas y, sobre todo, la imposibilidad de separar del todo el trabajo de una vida personal que sigue sin recomponerse.

Por su parte, Robbie vive marcado por el asesinato de su hermano. Su sobrina Maeve (Emilia Jones), ya mayor de edad, se encarga de cuidar a sus primos porque su mujer les abandonó. Acorralado por la precariedad de su situación económica y social, Robbie justifica sus actos como un último recurso para mantener y proteger a los suyos, como la única salida posible. 

El montaje alterna ambas trayectorias de los personajes y va trazando un inquietante paralelismo: dos hombres que actúan movidos por el amor a sus seres queridos, pero cuyas decisiones cotidianas los alejan constantemente de ellos.

Asimismo, la serie acierta al mostrar cómo la dedicación absoluta al deber acaba pasando factura en el ámbito más valioso y frágil: la familia. Tom no es un padre negligente por falta de amor, sino por incapacidad de descanso. Su dificultad para escuchar, para compartir el dolor o pedir ayuda revela a un hombre que ha aprendido a sostenerlo todo solo.

La serie insiste en la figura del padre como alguien llamado a proteger, pero también vulnerable al error, tanto Tom como Robbie encarnan esta tensión. Task sugiere que la redención no nace de la eficacia ni del éxito de la misión, sino del reconocimiento humilde de los propios límites.

Alrededor de estos dos personajes gravitan dos mundos igualmente cuidados: el del crimen, con una banda de moteros ligada al narcotráfico y otros personajes de moral dudosa; y el policial, formado por el grupo de jóvenes agentes que acompañan a Tom y van descubriendo el coste personal del trabajo que realizan. En unos y otros, Ingelsby dibuja figuras cansadas, marcadas por errores pasados, que avanzan a trompicones, sin apenas certezas.

El pasado de Tom como sacerdote católico es también un elemento a destacar de la serie. Su fe no ha desaparecido, pero está desgastada por la experiencia del fracaso y la pérdida. Esa fe herida se manifiesta más en la culpa que en la esperanza. Tom sigue buscando hacer el bien, pero ya no sabe desde dónde hacerlo y, en esa búsqueda, recibe la ayuda constante de un amigo sacerdote.

Task no ofrece salidas ni consuelo fáciles. Su fuerza reside en la observación paciente de personajes rotos que siguen adelante porque no saben hacer otra cosa. La serie resulta especialmente valiosa porque recuerda, sin discursos explícitos, que la justicia necesita compasión y la responsabilidad necesita sentido.

En definitiva, se trata de una propuesta sobria, dura y a la vez cercana por su crudeza, que convierte el thriller policial en un espacio de reflexión sobre la familia, la fe, las heridas y la necesidad de perdón y de reconciliación.

Larissa I. López 

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